Mirar para adelante con ánimo optimista es lo que propuso ayer José Alperovich, cuando juró por tercera vez como gobernador de Tucumán. Rompió. así, con la lógica heredada del constitucionalismo que pretendía limitar la concentración de poder en unas pocas manos.
La reforma de la Carta Magna de 2006, con sus ambigüedades, entreabrió las puertas para el continuismo. Un fallo de la Corte Suprema de Justicia terminó de abrirlas, con el resultado del 28 de agosto. La prohibición de la permanencia
Hace ocho años las circunstancias económicas y sociales eran muy distintas de las que felizmente vive hoy la provincia, planteó el gobernador. Ciertamente es así. Los padrinos políticos de Alperovich en 2003 viven en el ocaso.
El ex presidente Eduardo Duhalde y el ex gobernador Julio Miranda están en la vereda de los fracasados. A ellos, les dedicó el más impiadoso de los olvidos.
Si Duhalde se ilusionó en que recibiría ayuda subterránea del ahijado en sus últimas aventuras, se equivocó de cabo a rabo. La pésima elección del domingo anterior lo enterró como referencia política. Y Miranda no pudo ubicar ningún pariente en la pródiga familia de acoples oficialistas, a diferencia de 2007.
En pragmatismo, muy pocos le pueden ganar al re-reelecto jefe del Poder Ejecutivo. Y si no, que lo digan sus ex correligionarios del radicalismo. Así las cosas, Alperovich se transformó en un disciplinado militante de la Casa Rosada.
Nada de todo lo hecho hubiese sido posible, si Néstor Kirchner no le hubiera devuelto al Estado un rol decisivo en la salud, la educación y el desarrollo, aseveró sin titubeos.
Los faltantes
El aporte de Roberto Lavagna al despegue de la economía y al ordenamiento de las finanzas de las provincias también fue omitido del balance. La salida de la recesión la piloteó Lavagna, que se fue del gobierno en 2006, por sus discrepancias con la política antiinflacionaria que Kirchner impuso finalmente.
Del relato de los ocho años que se escuchó en el recinto, la palabra inflación sobresalió por su ausencia, pese a que la suba del costo de vida gravita en la vida cotidiana de los sectores con ingresos fijos .
El nuevo rumbo económico y social, que continúa la presidenta Cristina Fernández, lo articulamos con las necesidades de las necesidades de la provincia, remarcó Alperovich. La renuncia del oficialismo a debatir la coparticipación federal y el reparto del impuesto al cheque en el Congreso son la otra cara de esa expresión del mandatario. No se toca la caja kirchnerista, en otras palabras. A cambio, se recibe asistencia discrecional y reprogramación de deudas. Las rebeldías están prohibidas en la relación con la administración central. Ese bajo perfil le inhibió exhibir aun tímidamente alguna ambición que trascendiese los límites de la política doméstica.
Mantiene, sin embargo, en el gabinete de Cristina Fernández al vicegobernador Juan Luis Manzur, una rara avis de la política. Fue re-reelecto sin haber movido un dedo, pero está ahí. Regino Amado lo suplanta sin que la lealtad debida a la Casa de Gobierno se resienta, pero Manzur puede volver en diciembre. Cristina Fernández decidirá entonces si prolongará su permanencia en el Ministerio de Salud Pública de la Nación, que reasumirá en esta semana. La votación popular y la autonomía provincial duermen la siesta. El oficialismo legislativo mira para el otro lado.
La vocación conservadora
Alperovich mantuvo la primera línea ministerial dentro del elenco que arrancó con la segunda gestión en 2007. La variante significativa es la del superministro Jorge Gassembauer, que monitoreará todo lo que pase en el engranaje estatal.
Del gabinete que arrancó en 2003, sólo quedan los ministros de Gobierno, Edmundo Jiménez, y de Economía, Jorge Jiménez. Ambos cuidan dos flancos sensibles del aparato administrativo, y se las ingeniaron para disipar las tormentas sindicales del ámbito público. La política y la gestión financiera recae en esos ministerios que apagan incendios. Baste recordar los episodios de los autoconvocados de la salud y de las agitaciones policiales.
Para algunos, la vocación conservadora del gobernador en materia de cambios, se debe a que carece de relevos. Otros, sin embargo, creen que si no mueve piezas, es porque hay conformidad con las líneas generales del Gobierno.
El pueblo tucumano, después de ocho años, ha respaldado masivamente nuestro gobierno, aseguró. Los 590.000 votos del 28 de agosto así lo certifican. La población con acceso al agua potable pasó del 60% en 2003 al 90% actual. Un 29% de los tucumanos contaba con red cloacal en 2003. cifra que supera el 60% en 2011, en el Gran San Miguel de Tucumán. Estos indicadores explican parcialmente el aluvión del 28 de agosto, pero no agotan el examen de la cuestión.
Contradicciones
Alperovich dijo ayer que no desconocía las opiniones de quienes discrepan con el Gobierno. Sin embargo, en la Legislatura, que es la caja de resonancia del pluralismo político, la Casa de Gobierno determina que los opositores permanecerán arrumbados en posiciones secundarias. Los legisladores que Alperovich considera fieles presidirán las comisiones internas. Dentro del bloque del Frente de la Victoria (FDV) hay voces que discrepan con ese procederadiscrecional.
El verticalismo concentrado que ejerce Alperovich no deja resquicios para que las divergencias puedan perfilar propuestas distintas de las del oficialismo. El péndulo discursivo entre la reforma constitucional con reelección indefinida y el congelamiento de la iniciativa. El tal vez que insinuó Alperovich se presta para distintas interpretaciones. Unos la descartan y otros esperan el momento propicio para desplegarla,.
La mirada optimista que brindó ayer Alperovich contrasta con las sombras que proyecta el momento económico actual. Los controles cuasipoliciales a la compra de dólares y la disparada de los precios muestran que todo lo que brilla no es oro. Y Tucumán no es una isla.